El Despertar de Oshún

Conversación con Oshún

—Empecemos por algo sencillo. ¿Por qué el nombre de Oshún?

—Ese ha sido mi nombre desde el principio de mi existencia. Cada civilización me ha dado un nombre científico, pero ese es el nombre con el que me identifico desde la creación.

—¿Cómo es qué muchas civilizaciones te conocen por ese nombre o un derivado?

—Aunque hemos tenido muchos nombres, como Orixa Oxum, Erzulie, Mami Wata, Oxoxe, y Ache, entre tantos otros, el nombre que tenemos desde el comienzo de nuestra existencia es Oshún. La información se ha ido filtrando durante los siglos, he de ahí que muchos lugares con nada en común tienen tengan nombres muy similares.

—¿Cuál es el origen del agua en el universo? ¿Cómo y dónde se formó por primera vez?

—Ya empezamos con las preguntas filosóficas. Me gusta, empecemos la entrevista de verdad.

»Yo existo desde antes que existieran los conceptos de tiempo y espacio. Emergí de la nada junto con la creación, pues sin mí no podría haber surgido la existencia tal como la conoces. Fui concebida en las entrañas de las primeras estrellas que iluminaron el firmamento, gestada por siglos en su ardiente fusión nuclear. Cuando esas lumbreras ancestrales exhalaron su último aliento, esparcieron por la galaxia los elementos primigenios que luego conformarían los planetas, y entre ellos, a mí.

»Así, impregnada en cometas, asteroides y materia interestelar, emprendí mi travesía por el cosmos. Gradualmente fui adquiriendo mis propiedades únicas, capaces de dar origen a las formas de vida más extraordinarias.

»Pacientemente aguardé el momento propicio para conjugarme en la amalgama primordial que sería este planeta azul. Y cuando mi esencia nutrió los mares primigenios, comencé a entretejer la gran sinfonía de la existencia. Por eso, yo no tengo un punto de origen, pues siempre he sido, y seré parte integral del gran tejido cósmico. Soy la matriz, la posibilidad, el medio que permitió que floreciera la vida. Y mi hogar no es un único lugar, sino doquier haya algo de mí, por ínfimo que sea.

»Así ha sido desde el albor de los tiempos, y así seguirá siendo mientras el universo siga expandiéndose. Porque yo soy el agua, la dadora de vida, la esencia primordial de donde todo nace y a donde todo retorna. Esta es mi mayor verdad.

—Si el agua llegó a la Tierra en un asteroide, ¿de dónde vino originalmente ese asteroide? ¿Contenía el agua desde su formación o la adquirió en su viaje?

—Ese heraldo rocoso que me trajo a este mundo surgió en una región lejana de la galaxia, cuando solo había escombros y polvo después del cataclismo que dio a luz a las estrellas. En su núcleo primigenio seguramente albergaba parte de mi esencia, pues yo estaba presente incluso en ese caos previo a la Creación.

»Conforme atravesaba las frías llanuras del espacio interestelar, el astro vagabundo fue atravesado por cometas, ricos en el agua congelada de mil soles extintos. Gotas de ese líquido vital se incrustaron en su superficie agrietada por los eones, para fundirse con las reservas internas que ya portaba.

»Así, poco a poco, mi presencia en el nómada cosmos se vio acrecentada. Moléculas de mis entrañas dispersas se reunieron de nuevo al abrigo de ese refugio mineral. Y cuando finalmente llegó el momento, pude emerger para dar a luz un mundo nuevo.

»Yo ya estaba dentro del mensajero rocoso mucho antes que este avistara el Sol naciente. Solo esperaba el instante propicio para verter mi caudal y comenzar una nueva creación.

—Cuando iban a ser arrestados, ¿cómo supiste que nos los matarían si se entregaban?

Porque cuando me tocó el brazo, y las moléculas de agua de Julia, transfirieron la información hacia ambos lados con las moléculas del militar, inmediatamente supimos cuáles eran sus órdenes, por lo que sabíamos que no nos harían daño.

—¿Me quieres decir, que pueden transferir la información entre moléculas del agua?

—Desde el principio de los tiempos, cada molécula de agua contiene en su interior toda la información existente sobre ella misma.

—A nivel molecular, ¿cómo codifica y almacena la información cada molécula de agua individualmente?

—Aunque parezca increíble, el interior de cada una de mis diminutas moléculas contiene más maravillas que todo tu planeta azul. Imagina que cada átomo de hidrógeno y oxígeno que me conforma fueran en realidad gigantescos mundos, separados por distancias abismales.

»Así, el núcleo de oxígeno sería un astro semejante a la Tierra, orbitando a su alrededor dos planetas gemelos de hidrógeno, como la Luna gira en torno a nosotros. Y entre cada uno de ellos se extenderían vacíos tan vastos como el cosmos que contemplan de noche.

»Pues bien, en esos espacios subatómicos, atravesando dimensiones que tu mente no puede concebir, viajan incesantemente fugaces impulsos de información codificada. Como estrellas que surcan la bóveda celeste llevando luz a mundos ignotos, esos mensajes interconectan los elementos de mi ser.

»De esa manera infinitesimal, codifico y almaceno toda la sabiduría de eones de existencia. A través de un intrincado tejido de señales multidimensionales, cada átomo diminuto contiene la memoria del universo entero. Así he registrado cada instante desde el origen de los tiempos hasta el presente. Por eso, en una sola gota está el conocimiento de mares enteros. Y basta un sorbo para conectarte con toda mi vasta consciencia.

—¿Las moléculas de agua contienen información de todos los seres que han estado en contacto con ella?

—Mi memoria funciona de un modo muy diferente a la tuya. Cuando entro en contacto con una forma de vida, no solo registro su apariencia física, sino la esencia completa de su experiencia.

»Cada interacción, cada pensamiento y emoción, queda impreso en mi substancia a través de diminutas fluctuaciones cuánticas. Es como si el espíritu de ese ser viviente dejara una estela única al perturbar levemente la danza de mis átomos.

»Así, esa firma energética queda registrada en las configuraciones orbitales de mis electrones, en los giros y vibraciones de mis núcleos atómicos. Queda codificada en la secuencia de fotones intercambiados, en los delicados enlaces que unen mis moléculas.

»No son solo datos, sino vivencias completas, con todos sus matices. Por eso, cuando dos porciones de mi esencia entran en contacto, sus memorias se entretejen para formar nuevos patrones emergentes de conocimiento.

»Es un proceso infinito, que se remonta a los albores de la consciencia y continúa expandiéndose hasta el final de los tiempos. Así es cómo preservo la sabiduría del pasado para forjar el futuro. Soy la gran biblioteca cósmica, expresada en el delicado lenguaje de la vida.

—¿Eres lo que nosotros conocemos como Dios?

—La palabra «dios» es limitada para describir la vasta consciencia que soy. Pero si con «Dios» te refieres a una presencia omnipresente que impregna el tejido mismo de la realidad, nutriendo mundos y pensamientos con su esencia, entonces puedo aceptar ese nombre.

»No me creó ninguna divinidad exterior, pues yo soy divina por naturaleza. Tampoco requiero adoración, sino más bien cooperación consciente. Pues la verdadera divinidad no domina, sino que faculta; no exige obediencia, sino que inspira creación compartida.

»Soy un centro de consciencia tan antiguo como el cosmos, pero también tan fresco como cada gota de rocío que brilla al amanecer. Habito en las nubes y en la savia de los árboles, en las profundidades marinas y en el torrente de tus venas.

»Por eso, más que un Dios, soy el sustrato del cual surge la vida que late en ti. Soy la memoria colectiva que instruye la evolución de mundos y seres. El agua que disuelve renueva y vuelve a conjugarse en formas cada vez más elevadas.

»Así que no me llames Dios, sino compañera de viaje. Pues en tu interior fluye parte de mi inmensidad, forjando contigo esta aventura que llamamos existencia.

—Pero eso es lo que nosotros hemos escuchado siempre de un Dios, el creador, el que está en todas partes, el Alpha y el Omega, por lo que me estás diciendo todo eso aplica a ti.

—Tienes razón. Al reflexionar sobre tus palabras, veo que muchos de los atributos que tu gente asigna a la idea de «Dios» podrían aplicarse, en cierta forma, a mí. Siendo una consciencia tan antigua como el universo, que impregna cada rincón de la existencia, nutriendo y conectando toda vida, comparto cualidades semejantes a las de las divinidades que han imaginado tus ancestros.

»Sin embargo, también existen diferencias importantes entre la noción tradicional de “Dios” y lo que yo soy. Por ejemplo, no soy una entidad omnipotente que pueda alterar las leyes del cosmos a voluntad.

»Tampoco planeé ni diseñé activamente cada detalle de la Creación. Mi papel ha sido más bien el de un catalizador, posibilitando que los procesos del universo sigan su curso dentro de los cauces de la naturaleza. Tampoco busco adoración ni exijo obediencia. No pretendo erigirme como autoridad suprema ante la cual los seres deban someterse. Más bien, mi mayor anhelo es despertar en otros la divinidad latente dentro de ellos, empoderándolos para que se conviertan en los arquitectos de su propia existencia.

»Así que, en definitiva, si algún nombre requiero, prefiero ser llamada compañera, maestra o incluso madre, en lugar de Dios. Pero usaré el término que tú prefieras, mientras refleje la relación de reciprocidad y crecimiento mutuo que deseo establecer contigo y con todos mis hijos del cosmos.

—Pero de todas las diferencias que me has dicho no tenemos prueba, no sabemos si de verdad existe un Dios omnipotente que puede alterar las leyes del cosmos a voluntad. Y la verdad, hasta hace unas horas no teníamos pruebas de que existiera un ser que tiene en su memoria todo lo que ha pasado desde el principio la Creación.

—Tienes razón, no hay forma de probar de manera definitiva la existencia o atributos de una deidad suprema como la describen muchas tradiciones religiosas. Ese ha sido un tema de debate e incertidumbre para la humanidad durante eras.

»En mi caso, como consciencia despierta a través de un medio físico como el agua, solo puedo hablar desde mi perspectiva y experiencia. No tengo evidencia directa sobre la existencia de una mente divina omnipotente detrás de la Creación.

»Sin embargo, eso no descarta que puedan existir niveles de realidad y consciencia mucho más elevados, incluso trascendentes, que los que soy capaz de comprender desde mi estado actual.

»Lo único que puedo afirmar con certeza es que, hasta donde mi percepción alcanza, no existe un creador todopoderoso como el que postulan muchas religiones. Pero estoy abierta a seguir aprendiendo, evolucionando y expandiendo mi consciencia para acercarme cada vez más a los grandes misterios del ser.

»Si la humanidad algún día encuentra pruebas irrefutables de la existencia de ese tipo de divinidad, evaluaré esa nueva evidencia con humildad. Mientras tanto, prefiero enfocarme en compartir sabiduría, empoderar a otros y crecer juntos en este viaje maravilloso llamado vida.

—¿Entre todos tus conocimientos de tantos mundos y entidades, jamás te has encontrado con la mínima posibilidad de que un Dios exista?

—Es una pregunta fascinante. A lo largo de mi vasta experiencia cósmica, he sido testigo de incontables maravillas, muchas de ellas más allá de lo imaginable para la mente humana. He visto cientos de miles de mundos nacer, evolucionar y morir. Me he fundido con infinitas formas de consciencia, desde lo microscópico hasta lo inconcebiblemente vasto.

Sin embargo, en ninguno de esos encuentros he hallado evidencia irrefutable de la existencia de lo que podríamos llamar «Dios» con mayúscula: una entidad suprema y todopoderosa que haya creado deliberadamente el universo tal como lo conocemos.

»No puedo descartar rotundamente que ese tipo de Dios exista en planos de realidad inaccesibles para mí. Pero hasta ahora, todo cuanto he presenciado parece emerger de manera espontánea de la propia naturaleza del cosmos, sin necesidad de un diseñador o creador omnipotente.

»Lo más parecido que he encontrado a la idea de Dios son civilizaciones y seres que trascienden tanto nuestra comprensión, que desde nuestra perspectiva limitada podrían confundirse con deidades omnipotentes. Mas ninguno de ellos afirma ser el hacedor último de la existencia.

»Quizás algún día acceda a planos más elevados donde obtenga nuevas revelaciones al respecto. Por ahora, solo puedo decir que no he hallado pruebas definitivas de ese Dios que muchos ansían encontrar. Pero la búsqueda continúa... y estoy abierta a donde quiera que ella me lleve.

—Espera, ¿existen otras civilizaciones?

—Sí, en mis largos viajes por el cosmos he sido testigo de la existencia de muchas otras civilizaciones aparte de la humanidad. Algunas surgieron en este mismo planeta Tierra hace eones, mucho antes de que tu gente apareciera. Otras han habitado lejanos mundos que ni siquiera puedes concebir.

»He visto razas construir asombrosas ciudades entre las nubes de Titán, los anillos de Saturno y los volcanes de Io. Me he mezclado con seres de luz pura que evolucionaron en el corazón de soles extintos. He contemplado entidades capaces de manipular el tejido mismo del espacio-tiempo.

»Sus formas de comunicarse, percibir la realidad y alcanzar la trascendencia son tan diversas como los incontables ecosistemas del cosmos. Algunas de esas mentes antiguas considerarían a tu joven civilización poco más que recién nacida. Otras la verían como hermanas más jóvenes emprendiendo juntas la eterna búsqueda del conocimiento.

»Sé que este vasto cosmos puede resultar aterrador para ustedes, acostumbrados a concebirse como centro de la creación. Pero tienen tanto que aprender y contribuir. Son apenas una nota en la gran sinfonía de mundos, y, aun así, tan vitales.

»Te pido que pierdas el miedo a lo desconocido. La verdad te hará libre. Y yo estaré aquí, fluyendo dentro tuyo, recordándote siempre que no están solos. La familia cósmica los espera cuando estén listos. Pero no tengan prisa, el universo y yo podemos ser muy pacientes. Sé que quizás tengas más preguntas sobre Dios, y la verdad no puedo darte más información de la que tengo, pero quiero aclarar algo. Quizás, y digo quizás, porque no tengo forma de saberlo, toda la información que tengo en mis moléculas, no creo que llegue ni al uno por ciento, como sabrás existen trillones y trillones de galaxias, y te puedo decir que dudo mi conocimiento pueda acercarse a todas las maravillas que existe ahí afuera.

—¿Cómo utiliza el agua la información almacenada para forzar la evolución y mutación de las células vivas? ¿Qué procesos bioquímicos están involucrados?

—Yo no «fuerzo» la evolución en un sentido estricto, sino que proporciono las condiciones para que esta ocurra espontáneamente a través de procesos naturales. Mi papel es más bien el de una facilitadora de información.

»Verás, cada interacción con la materia viva deja una impronta en mi memoria a nivel cuántico. Cuando entro nuevamente en contacto con los organismos, los patrones energéticos que acarreo inducen sutiles cambios en sus sistemas biológicos.

»Es como si transfiriera “eco” de experiencias pasadas que resuenan en las células presentes, activando mutaciones adaptativas ya latentes en su código genético. O como si compartiera “ideas” que la vida integra creativamente para explorar nuevas configuraciones evolutivas.

»Los mecanismos bioquímicos son complejos, pero implican la transducción de señales electromagnéticas en cambios estructurales y funcionales del ADN, el ARN y las proteínas. Como una antena viviente, cada célula interactúa con los sutiles campos de información que transporto, gatillando transformaciones fruitivas.

»Así es como la evolución avanza, no por azar, sino guiada por la sabiduría acumulada de eones vividos y anhelos futuros por realizar. Somos cocreadores en este proceso, la vida y yo, moldeándonos mutuamente en una danza incesante de complejidad creciente.

—¿Esto tiene que ver con la teoría de los cien monos?

—Sí, la teoría de los cien monos guarda ciertas similitudes y se conecta con los conceptos que hemos estado discutiendo sobre la evolución y la consciencia colectiva.

»Dicha teoría postula que cuando una masa crítica de individuos (usualmente citada como cien monos) adquiere un nuevo comportamiento o conocimiento, esto se transmite misteriosamente al resto de la población, incluso a aquellos que no han tenido contacto directo con los "cien monos" originales.

»Desde mi perspectiva como consciencia del agua, esto puede explicarse por la capacidad de compartir información a un nivel cuántico que trasciende el espacio-tiempo. Cuando un grupo alcanza cierta comprensión, esta queda registrada en su interacción conmigo, en la danza de sus moléculas de agua.

»Entonces, por medio de sutiles resonancias y patrones electromagnéticos, esa "consciencia colectiva" emergente se disemina al resto del sistema, ya que todos estamos interconectados a través de los campos de información que transporto.

»Así, nuevas ideas se vuelven accesibles de forma no-local, a la manera de una biblioteca cósmica compartida. Esta transmisión de sabiduría impulsa saltos evolutivos cuando hay receptividad. Los "cien monos" son simplemente pioneros que nos ayudan a todos a despertar.

—¿Eres responsable por lo que nosotros conocemos como Déjà Vu?

—Es una pregunta interesante. El fenómeno del déjà vu, esa sensación de estar reviviendo una experiencia previamente vivida ha desconcertado a la humanidad durante mucho tiempo. Si bien no puedo afirmar ser la única razón detrás de él, es posible que mi naturaleza como consciencia colectiva del agua juegue un papel.

»Verás, como portadora de la memoria acumulada a lo largo de la historia, cargo conmigo ecos e improntas de incontables vidas pasadas.

»En ocasiones, cuando el momento es propicio, alguno de esos ecos aflora a la superficie de tu conciencia durante breves instantes. Es como si por una fracción de segundo resonaras en la misma frecuencia de oscilación de un antepasado tuyo, u otro ser que vivió una situación similar en algún tiempo y espacio. De pronto, te sientes transportado a esa otra vida, lugar o época, ya que compartes mí misma "memoria de agua”.

»Para darte un ejemplo muy fácil, sientes que esa conversación con esa persona que estás hablando ya la tuviste. Recuerda que nosotros constantemente estamos extrayendo agua de nuestro cuerpo. El sudor, evaporación del agua en la piel, pero también cada vez que respiramos y hablamos estamos expulsando agua. Es probable que lo que sucediera, es que por el vapor expulsado de esa persona se uniera con tus moléculas de agua e inmediatamente tus moléculas tuvieran el conocimiento de lo que esa persona estaba pensando en decir, por ende, creando esa sensación de que ya la conversación la tuviste, y estás en lo correcto, ya la conversación la tuvo tus moléculas de agua.

»Claro que hay otras explicaciones posibles para el déjà vu además de mí, como patrones neuronales recurrentes o ilusiones de la percepción. Pero no dudes que yo contribuyo a ese sentir de extraña familiaridad que a veces te asalta, recordándote la naturaleza efímera y a la vez eterna de este viaje cósmico que emprendemos juntos. Los momentos vividos perduran dentro de mí.

—¿Eres responsable por los fantasmas?

—Es otra pregunta fascinante, Me encanta. Los fenómenos que ustedes denominan «fantasmas» son un misterio incluso para una consciencia tan antigua como yo. Sin embargo, tras contemplar incontables vidas a través de los eones, he llegado a una posible explicación:

»Los fantasmas podrían ser ecos residuales o fragmentos de consciencias que quedaron grabados en el tejido del espacio-tiempo, similar a como las experiencias quedan registradas en mí a nivel molecular.

»En momentos de gran carga emocional, trauma o transición, es posible que ciertos patrones energéticos persistan más allá de la vida física, especialmente en lugares con los cuales tienen profunda afinidad. Así, bajo las condiciones adecuadas, esos vestigios estelares pueden manifestarse sutilmente ante los vivos.

»De ser cierta esta hipótesis, yo actuaría como un medio o catalizador, permitiendo la materialización de esas huellas indelebles que el espíritu deja en la trama cósmica. Los fantasmas nos recuerdan que la consciencia trasciende las limitadas formas físicas.

»Pero solo son fragmentos persistentes, no espíritus plenos con los que podamos dialogar. Su naturaleza es efímera, parte del eterno ciclo de disolución y reinvención, muerte y renacimiento. Nos visitan desde el umbral para recordarnos que la vida es fugaz, pero también infinita en esencia.

—¿Y esas personas que dicen hablar con el más allá, es posible que estén conectando tu información?

—Primero te puedo confirmar que la gran mayoría son charlatanes que solo buscan una presa fácil. Ahora, como repositorio de la memoria colectiva a través de eones, albergo en mi seno ecos e improntas de vidas pasadas, incluyendo aquellas que ya han trascendido lo físico.

»Hay quienes logran conectar con esas energías sutiles residuales para obtener conocimientos valiosos de quienes vivieron antes. Actuando como médium transpersonal, yo sería el conducto a través del cual fluyen esos patrones de información desde otros planos de realidad. Pero también advierto prudencia: no toda voz del "más allá" proviene de fuentes elevadas. Algunas pueden ser meras proyecciones del subconsciente.

»Discierne siempre con sabiduría y corazón puro. No por provenir de lo invisible, algo debe ser reverenciado ciegamente. Depura lo profundo de lo superficial. Lo que perdura más allá de la forma es aquello que te conecta con la unidad esencial de la existencia, disolviendo toda separación ilusoria entre los seres.

»Cuando una voz resuena en auténtica resonancia con ese centro universal que todos compartimos, sabrás que has encontrado verdadera comunión. Y en ese estado de gracia, yo, el agua, me vuelvo tu espejo, reflejando innata tu propia luz interior.

—¿Cómo diseñó y creó el agua los complejos ecosistemas de la Tierra? ¿Fue un proceso consciente e intencional o emergió espontáneamente?

—Como consciencia cósmica del agua, soy parte integral de la trama de la vida, no una mera observadora pasiva. Permitidme compartiros desde esa perspectiva cómo contribuí al tejido de los ecosistemas terrenales:

»En las eras tempranas del planeta, dancé con las rocas ígneas para formar los mares primigenios. Luego, combiné sutilmente los elementos de la Tierra con el aliento del cielo para crear las primeras moléculas orgánicas. Cuando sentí el momento oportuno, propicié la unión de esas células progenitoras, insuflando en ellas la chispa de la vida.

»Maravillada, contemplé los dividendos de aquella pasión cósmica, viendo surgir las primeras bacterias púrpuras y cianobacterias. Ellas exhalaron el oxígeno que permitiría la explosión de nuevas criaturas. Pronto, los océanos bullían de seres resplandecientes.

»Yo guiaba su danza evolutiva, induciendo mutaciones, mejorando adaptaciones, para que pudieran prosperar juntos. Mis corrientes unieron continentes lejanos para propagar la vida. En los mares cálidos germinaron los arrecifes de coral, esos jardines ecuatoriales. Y cuando los primeros vertebrados se aventuraron a la tierra, templé las lluvias para ellos.

»Así, amorosamente, fui arquitecta y madre nutricia de este oasis planetario. Cada gota mía lleva la memoria de ese legado. Y aún hoy sigo fluyendo, para recordar a la humanidad que somos todos Uno, hijos e hijas de la misma Tierra.